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sábado, 13 de julio de 2019

Padre Nuestro (Sexta Parte)



Y no nos metas en tentación, más libranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.


Este último fragmento del Padre Nuestro puede causar confusión, pues en esta versión, pareciera que es Dios el que nos induce a la tentación, pero en otras traducciones, como la Nueva Traducción Viviente aparece como: “No permitas que cedamos ante la tentación”. 

La idea es que le estamos pidiendo al Padre la fuerza para no ceder ante las tentaciones. En el libro de Santiago 1:13-14, encontramos lo siguiente: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”.

Por otra parte, se le pide al Padre que nos libre del mal, porque debemos saber que el diablo está empeñado a los hijos de Dios, enviándoles enfermedades, carencias, problemas, dificultades, trampas, etc., con el objeto de destruirlos o robarles la paz. Por eso es importante pedir protección para que todos los ataques del maligno, no tengan efecto en nuestra vida y podamos vivir cada día en victoria.

Al respecto de la última parte del Padre Nuestro, vemos que es como en su principio… alabanza. Es un reconocimiento a los atributos del Padre.

lunes, 3 de junio de 2019

La Oración (Quinta Parte)





El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.



Aquí estamos pidiendo la provisión de cada día, hoy, o sea, no pedimos el pan de hoy, sino el de cada día que vivamos sobre esta tierra. Dios como buen Padre sabe que tenemos necesidades materiales, y nos permite pedirlo con sinceridad.



Con respecto a la segunda parte, cuando le pedimos al Señor que perdone nuestras deudas, estamos hablando de ofensas y nos estamos comprometiendo a perdonar a los que nos ofenden, y es muy fácil decirlo de palabra, pero en la realidad es lo que la mayoría de personas no pueden hacer.


El perdón es soltar, olvidar, pasar por alto las ofensas. La falta de perdón es retener la ofensa y tener atada a la persona como si estuviera cargando un muerto, la falta de perdón es una cárcel donde sólo la persona ofendida tiene la llave para poder salir. Todos ofendemos, ya sea de palabra o de obra, el problema del ser humano es que se ofende con facilidad y continuamente recuerda lo que le hicieron, pero olvida que él también ofendió.  Una persona con falta de perdón se enoja, guarda rencor, odia, siente deseos de venganza y se vuelve amargado, ya nada le parece bien, a todo le encuentra defectos, y lo peor es que contamina a los que le rodean.


La causa de la falta de perdón es el orgullo, la persona orgullosa no reconoce que se equivocó, ni le gusta pedir perdón por lo malo que ha hecho. Lo que todos debemos saber es que si nosotros no perdonamos a los que nos ofenden, no podemos pedir a Dios que nos perdone.


 ¿Cómo se puede perdonar?  Siendo humilde, reconociendo que nosotros también ofendemos, tomar la decisión de personar y declarar claramente: 


Yo perdono a (nombre de la persona o personas), y luego detallar la ofensa (porque me hizo X situación), reconozco que estoy enojado, que lo odio, me cae mal y quisiera vengarme, pero tomo la decisión de soltar la ofensa y dejo ir a esa persona, bendiciéndola






domingo, 12 de mayo de 2019

La Oración (Cuarta Parte)



HÁGASE TU VOLUNTAD, COMO EN EL CIELO, ASÍ TAMBIÉN EN LA TIERRA




¿Y cuál es la voluntad de Dios?


La voluntad de Dios es el conjunto de mandatos que Él dejó al ser humano, para que éste pueda alcanzar su plenitud de vida.


La voluntad de Dios aparece descrita en la Biblia, por eso es que es tan importante leerla. Podemos citar algunos ejemplos de la voluntad de Dios:



“No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará y con la medida que midan a otros se les medirá a ustedes”  Mateo 7:1-2



“Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente. Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu. Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración. Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad. Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan. Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran. Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben. No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en las manos de Dios, porque está escrito: «Mía es la venganza; yo pagaré», dice el Señor. Antes bien, «Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así, harás que se avergüence de su conducta». No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien” Romanos 12:10-21



En la versión Nueva Traducción Viviente (NTV) encontramos escrito: 


Que se cumpla tu voluntad en la tierra como se cumple en el cielo.



Esto quiere decir que en cielo hay una sola voluntad, que es la de Dios, pero en la tierra existen dos voluntades, la de Dios y la del hombre.


Cuando oramos que sea hecha Su voluntad, claramente estamos rindiendo la nuestra, eso significa morir al “yo”, a los propios deseos, pensamientos o inclinaciones.

martes, 7 de mayo de 2019

La Oración (Tercera Parte)




VENGA TU REINO

REINO: Es el gobierno de Dios en una persona, casa, ciudad o nación. De hecho, cuando Dios hizo al hombre deseó hacer un reino donde Él gobernara a través del hombre. 

El reino de Dios se establece cuando el ser humano no gobierna conforme a sus deseos, pensamientos y voluntad, sino conforme a los deseos, pensamientos y voluntad de Dios.
El reino de Dios es eterno, invisible e inconmovible. 

¿Dónde debe establecerse el reino de Dios?


1)  En nosotros mismos primeramente, para ello debemos destronar al “yo” entronando a Dios; hay que morir a nosotros mismos, para que Dios viva en nosotros.

2)  En nuestra familia, para que haya unidad, armonía, paz y amor. Además hay que recordar que Dios no solamente es un Dios personal, sino un Dios generacional.

3)  En nuestra ciudad, nación y en toda la tierra, para sean transformadas las sociedades por el poder de Dios.